¿REALIZACIÓN HUMANA?

Hoy se está imponiendo la cultura de la producción y el consumo, olvidándonos de los demás, de los pobres y de la naturaleza.
Se trata de un "modelo de deshumanización" contra el que ¿podemos luchar?

jueves, 30 de diciembre de 2010

Miniatura de biocivilización


LEONARDO BOFF.

Está surgiendo una nueva generación que busca un modo sostenible de vivir. Sabiamente se dieron cuenta de que la educación ambiental representa el motor del cambio de ser, de sentir, de producir y de consumir. ¿No es esto la inauguración de una revolución cultural?

Hay en la cultura mundial mucha desesperanza y perplejidad generalizadas. No sabemos hacia donde estamos yendo. Es un vuelo ciego rumbo a lo desconocido. Lo que más duele es la falta de alternativa al modelo vigente que busca una gran acumulación con vistas al consumo acelerado, a costa de la depredación de la naturaleza y de generar clamorosas injusticias sociales a nivel mundial.

Con el calentamiento global, la escasez de recursos y el desequilibrio global del sistema-Tierra, la sensación predominante es que el mundo no puede continuar así como está. Tenemos que cambiar. Por eso, por todas partes, surgen nuevas visiones y, especialmente, prácticas que nos devuelven cierta esperanza de que otro mundo es posible y necesario. La nueva centralidad gira en torno al cuidado de la vida, de la salvaguarda de la humanidad y de la protección del planeta Tierra. Lo que va a nacer será una biocivilización o una Tierra de la Buena Esperanza (Ignacy Sachs).

En Brasil encontramos una miniatura del deseo colectivo, una pequeña anticipación de aquello que deberá ser dominante en la humanidad: el proyecto Cultivando Agua Buena de la Itaipú Binacional en Foz do Iguaçú, en el Estado de Paraná.

Allí, mediante un acuerdo entre Brasil y Paraguay, se ha construido la mayor central hidroeléctrica del mundo con un reservorio de 176 kilómetros de largo, donde hay almacenados 19 mil millones de metros cúbicos de agua, utilizados por 20 turbinas que generan 14 mil megavatios.
¿Cuál fue la idea de sus directores Jorge Samek y Nelton Friedrich desde los inicios de su administración en 2003? Que el agua no se destinara sólo a producir energía eléctrica, sino también a generar todo tipo de energía necesaria a los seres que dependen vitalmente de ella, especialmente los seres humanos.

Entonces se modeló el proyecto, que involucra a los 29 municipios de alrededor de la zona, en los cuales viven cerca de un millón de personas, a través de la crianza de aves y cerdos, una iniciativa de las mayores del país. Se trata de un proyecto altamente complejo, dando como resultado una verdadera revolución cultural. Esto es exactamente lo que necesitamos: un nuevo ensayo civilizatorio, probado en miniatura, que sea viable dentro de las condiciones alteradas de la Tierra en proceso de calentamiento y de agotamiento de sus recursos. El lema lo dice todo: ?un nuevo modo de ser para la sostenibilidad?.

Siempre he afirmado que la sostenibilidad fue secuestrada por el proyecto del capital, vaciándola para impedir que significase un paradigma alternativo a él, que es intrínsecamente insostenible. Liberada de este cautiverio, ella adquiere el valor central de un nuevo arreglo civilizatorio que establece una relación equilibrada entre ser humano-naturaleza-desarrollo-solidaridad generacional. En Itaipú se ha conseguido instaurar esta relación feliz. Comenzaron correctamente con la sensibilización de las comunidades. Es decir, empezaron con la ampliación de las conciencias, convocando nombres notables del pensamiento ecológico, como F. Capra, Enrique Leff (Pnuma latinoamericano), Marcos Sorrentino, Carlos y Paulo Nobre entre otros. Yo mismo acompaño el proyecto desde su inicio. Definieron el espacio no por los límites arbitrarios de los municipios sino según los límites naturales de las cuencas hidrográficas. Implicaron a todas las comunidades, creando comités gestores de cada cu enca, legalizados por las alcaldías.

Sabiamente se dieron cuenta de que la educación ambiental representa el motor del cambio de ser, de sentir, de producir y de consumir. ¿No es esto la inauguración de una revolución cultural? Formaron algunas centenas de instructores ambientales, llegando así a miles de personas. Está surgiendo una nueva generación que busca un modo sostenible de vivir.
Quien acompaña este proyecto sale con esta certeza: la humanidad es rescatable, tiene arreglo; como decía Fernando Pessoa, es posible crear un mundo que todavía no ha sido ensayado.

Leído en Solidarios CSS UCM

lunes, 27 de diciembre de 2010

Un país de idiotas, ciudadanos peligrosos


Luis Acebal

Próximo ya al fin de sus días el viejo Pericles pronunció, en honor de las víctimas de la guerra, un discurso que quedó escrito y así ha llegado hasta mí:

“Nuestro gobierno no pretende imitar a nuestros vecinos; somos, muy al contrario, un ejemplo para ellos. Porque si bien es verdad que formamos una democracia, por estar la administración en manos de muchos y no de unos cuantos, en cambio nuestra ley establece igual justicia para todos. Además nuestro pueblo reconoce la superioridad del talento, y cuando un ciudadano se distingue de los demás por su carácter, el pueblo lo designa para los cargos públicos, no por derecho de clase, sino como una recompensa a su mérito. Ni la pobreza es un impedimento entre nosotros para desempeñar cargos públicos; cualquier ciudadano puede servir a la patria, por humilde que sea su nacimiento. No hay privilegios en nuestra vida política ni en nuestras relaciones privadas; no recelamos unos de otros ni nos ofendemos por lo que haga nuestro vecino, aunque no nos guste. Mientras vivimos así libres en nuestra vida privada, un espíritu de mutua reverencia prevalece en nuestros actos públicos, y el respeto a la autoridad y a las leyes nos impide obrar mal. Tenemos además en gran estima a los que han sido elegidos para proteger a los débiles y practicamos la ley moral que castiga al transgresor con un sentimiento general de reprobación”.

Y un poco más allá: “Empleamos las riquezas no en alardes de vana ostentación, sino donde son realmente necesarias. Confesar la pobreza no es una vergüenza entre nosotros, sino la abyección y la miseria. Un ciudadano de Atenas no abandona los asuntos públicos para ocuparse solo de su casa, y hasta aquellos de nosotros que tienen grandes negocios están también al corriente de las cosas del gobierno. Miramos al que rehúye el ocuparse de política, no como una persona indiferente, sino como un ciudadano peligroso; y si hay pocos de nosotros que sean aptos para proponer, todos somos buenos para decidir en los negocios del estado. Es opinión nuestra que el peligro no está en la discusión, sino en la ignorancia, porque nosotros tenemos como facultad especial la de pensar antes de obrar, y pensar aun en medio de la acción, mientras que otros son valientes en la ignorancia y vacilan en cuanto empiezan a pensar…”.

El nombre de ese que rehúye el ocuparse de las cosas públicas era en Atenas el de “idiotés” derivado de “ídios”, que es lo propio de uno (véase en la palabra “idiosincrasia”). En definitiva, el idiotés es el que está solo a lo suyo sin que le interese lo de todos los demás. Este, según el genio militar, político y filosófico de Pericles, el que dio su nombre al siglo V a.C., este es “el ciudadano peligroso”.

Cierto que “idiota” tiene también otra etimología, por eso sin duda cuando estudiábamos bachillerato en el siglo pasado algunos les llamaron “ilotas”, para distinguirlos de los idiotas, imbéciles y similares. Pero el origen en el término “ídios”, aludiendo a ese estar a lo suyo, aparece claramente constatado y así lo cita Pericles. El conjunto de estos idiotas es el enemigo público número uno. El idiota de Pericles es el que en medio de los dramas y problemas más acuciantes se acerca al que manda y le susurra al oído: “¿y de lo mío, qué?”.

Lo suyo es siempre el dinero. Puede tratarse de algo más, pero siempre también el dinero. Por él llegan unos hasta la delincuencia, otros hasta la mediocridad. El dinero de todos estos idiotas decide la marca de sus coches, el tamaño y decoración de sus casas, el club al que pertenecen, el deporte que practican, los libros que leen o no leen, el centro educativo donde buscan compañías para sus hijos e hijas: siempre su… lo que sea. Qué hay de lo mío.

Lo malo que les ocurre es que con tanta gana y deseo de lo mismo, uno se siente en continua zozobra, porque todo se puede perder. Estos peligrosos idiotas olvidados de la colectividad que les rodea viven atemorizados.

Miedo al otro, miedo al cambio, miedo al futuro.
El miedo paraliza mucho y nuestra sociedad de idiotas es, como tal sociedad, una red dominada por la pasividad. Activo para lo mío, pasivo para todo y todos los demás. No se mueve un dedo ni por la propia madre, por poca lata que dé. Hay que mirar a los mercados y ya está.

Ya podrá ocurrir lo más terrible, que lo mejor es dejarlo ir y callar. A mí que me registren.

El miedo enmudece. No hables, no lo vayas estropear todo. Repite lo que digan los que crees que te favorecen. No digas imprudencias, que luego salen en los dichosos cables de Wikyleaks. Qué atrasado parece eso de los cables.

En todo esto voy pensando, recordando a Mauricio Rosencof y su obra breve: “las cartas que no llegaron” (Alfaguara, 2002). Una persona muy querida me ha regalado este libro para Navidad y me subraya una frase:

“El silencio es el verdadero crimen de lesa humanidad”.

Me dicen que este volumen ya no se encuentra fácilmente en las librerías, que solo unos cuantos tendremos la suerte de haberlo leído. Algunos de los muchos que queremos hablar.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Navidad en Alborán



Pepe Laguna

Ya es Navidad en la isla de Alborán. No han sido los ángeles quienes me han dado la buena noticia, lo he leído esta mañana en las ediciones digitales de todos los periódicos: ayer domingo, una María negra dio a luz una preciosa niña en la embarcación con la que cruzaba “ilegalmente” el Estrecho.

Igual que hace dos mil años, María huía del futuro dictado por los Herodes de la miseria y la corrupción. En esta ocasión no viajaba a lomos de un burro, sino en el húmedo vientre de una patera. Como entonces, le llegó el momento del parto en pleno viaje y el pesebre fue sustituido por un desvencijado cayuco. No había posada ni para ella, ni para los 32 subsaharianos que la acompañaban, entre ellos siete embarazadas más y seis menores.

La estrella de Oriente se adaptó a los nuevos tiempos y se transmutó en una llamada de móvil que un ángel anónimo hizo desde Marruecos avisando de la salida de la embarcación la tarde anterior.

El calor que otrora dieron al niño un buey y una mula, ayer lo ofreció el regazo del guardia civil que durante dos horas, hasta llegar a Motril, protegió a la pequeña del intenso frío.

¿A qué esperamos para salir corriendo a Alborán y poner a los pies de la niña el requesón, la manteca y el vino de nuestras rebosantes despensas? ¿A qué esperan los políticos y sabios para ir a ofrecerle el oro, el incienso y la mirra de un futuro lleno de posibilidades? ¿Vamos a dejar que, dos mil años después, la sombra de una cruz se proyecte sobre el porvenir de esa niña? En cada crío que nace se juega la salvación compartida de un futuro mejor para todos, empezando por los últimos. Alegrémonos con los pastores porque ya es Navidad en Alborán.

Leído en la web de Eclesalia

lunes, 20 de diciembre de 2010

La medicina navideña



Decía hace unas semanas Elena Salgado, vicepresidenta económica, que para salir de la crisis habrá que confiar en el consumo. Salgado recordó que desde 2008 ha crecido el ahorro de las familias y que para 2011 «parte de ese ahorro se va a reconducir al consumo privado». ¿Pero no fue el exceso de consumo lo que justamente nos llevó a esta crisis? ¿Cómo podrá ser ahora su medicina?

Hace décadas que la publicidad utiliza de forma normalizada eslóganes como “Porque yo lo valgo” o “Don’t imítate, innovate” y apunta abiertamente al ego del consumidor como método. Hace décadas que, en vez de prometer el acceso a la clase media, el consumo se va presentando como la llave de su salida, como una paradójica herramienta de diferenciación estandarizada. La publicidad se ha instaurado como el principal canal ideológico del consumismo a la vez que vertebra el ideal del crecimiento productivo ilimitado y la libertad de mercado como una fuente inagotable para la satisfacción plena de las necesidades humanas. Su capacidad seductora termina por desmaterializar los objetos anunciados y transformarlos, simbólicamente, en un conjunto de atributos intangibles, espejo de aquellos anhelos y aspiraciones que interesan al mercado. Y, sin embargo, el modelo de sociedad que defiende es insostenible.

Tan sólo los casi 2000 millones de consumidores que conforman la clase media mundial esquilman el 80% de los recursos y dependen todavía hoy del modelo maquila (talleres de producción manual ubicados en países del Sur). Mientras, las empresas europeas, japonesas y estadounidenses, van progresivamente dejando de producir y, por lo tanto, de mantener las condiciones laborales y ambientales de aquellos que fabricaban sus productos. A la empresa sentimental ya no le interesa el trabajador, ni la producción y va camino de olvidarse hasta del producto.

El reino del consumo low-cost, la tiranía del beneficio económico a corto plazo y la ambición de la clase empresarial no sólo han construido una amplia clase media consumidora pasiva, hedonista y acrítica, sino que también han puesto en jaque la viabilidad de su propia materia prima fundamental: el planeta Tierra. A estas alturas ya tenemos todas las certezas de que el olvido interesado de los límites (los recursos naturales finitos o la capacidad del aire, el agua y la tierra para ser contaminados) y la obsesión ideológica por el crecimiento económico constante, ni siquiera han posibilitado una sociedad más satisfecha consigo misma, sino más bien todo lo contrario: la sociedad que ha dispuesto de los recursos más abundantes y de las tecnologías más avanzadas se encuentra aprisionada, sin embargo, de una espiral consumista que nos hace infelices, competitivos con los demás, nos enfrenta al resto de los pueblos y pone en grave riesgo la subsistencia del entorno del que dependemos. ¿Seguimos consumiendo?

Leído en la web de Consumehastamorir

martes, 14 de diciembre de 2010

Inmigración ilegal en Alborán


Montxo López

“Una mujer ha dado a luz la pasada tarde en la patera en la que viajaba junto a otros 37 ocupantes en las cercanías de la Isla de Alborán”

En la misma web en la que leía esta noticia, encontraba también los siguientes comentarios de algunos lectores:

“El mundo no se arregla así, dando cobijo a todo el que le apetezca... Son ilegales.... PARA QUÉ ESTÁN LAS LEYES!!!”

“Lo siento... los han cazado... pa'casa, son ilegales. Intenta meterte en las fronteras de U.K. o EE.UU en un pedalo a ver que te dicen...”
“¿Como vamos a tener hijos los españoles si tenemos que criar a todos los de fuera? La tarta no da más de si.”

“Con un lacito de vuelta a su casita...”
“Empezaré a tomar en serio la opinión de algunos que apoyan al inmigrante el día que ellos mismos tengan los coj... de meterlos en su casa y pagarles con su dinero.”

Intento entender las motivaciones de quienes se expresan así y por más vueltas que le doy, no lo consigo.

¿Quizás ninguno de ellos haya vivido, en persona o entre sus familiares, la necesidad de la emigración?

¿Será que ninguno tiene a su padre o madre ancianos, al cuidado de una inmigrante, por un salario que nadie más aceptaría?

¿Todos ellos piensan que hay inmigrantes buenos porque provienen de la Unión Europea y son “legales”, e inmigrantes malos porque no les ampara la ley?

¿Ninguno se ha planteado que la lotería de haber nacido en un determinado punto del planeta, no puede convertirse en una cadena perpetua a la miseria?

¿Alguien puede plantearse seriamente que las violaciones de derechos humanos o la miseria de los países de los que provienen los inmigrantes “ilegales”, son algo ajeno a nosotros; que los países desarrollados no tenemos ninguna responsabilidad en ello?

Estas personas que opinan así, ¿estarían de acuerdo conmigo en que una cosa son las leyes y otra cosa la justicia? ¿Me acompañarían en un viaje ilegal, en una patera ilegal, convirtiéndonos en “ilegales”, si nuestros hijos pasaran hambre?

No se si estas personas me acompañarían. Lo que tengo claro es que yo viajaría, y no por ello dejaría de ser una persona absolutamente legal.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Wikileaks, bravo!


Federico Mayor Zaragoza

“Mi Señor, ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes”.
Mahatma Gandhi

¡Claro que la información debe difundirse!
En el Artículo primero de la UNESCO, Organización de las Naciones Unidas que tuve el honor de dirigir durante varios años, se dice que garantizará “la libre circulación de las ideas por la palabra y por la imagen”. Libertad de expresión, de información, de acceso.

De los cientos de miles de documentos “clasificados” que han sido difundidos por Wikileaks, unos revelan datos sobre el ejército de los Estados Unidos procedentes de comunicaciones dirigidas al Pentágono. Otros se refieren a “filtraciones” de mensajes enviados por distintos Embajadores al Departamento de Estado norteamericano. Y sólo este conocimiento tiene un valor incalculable para, entre otras cosas, mejorar el servicio diplomático y de información militar. A partir de ahora, muchos se lo pensarán dos veces antes de enviar semejantes informaciones. Los “poderes” se darán cuenta de que deben actuar de otro modo y de que la “transparencia de Estado” es mucho mejor que los “secretos de Estado”. Las buenas acciones políticas no se van a desestabilizar. Las malas, sí. Y eso es positivo. Los medios de comunicación pueden ayudar a evitar dislates, a cooperar en la dirección adecuada. La Política, en mayúscula, lo agradecerá.

Pero lo que nadie puede deducir es que todos estos mensajes sean ciertos. No sabemos si responden a la realidad, sobre todo algunos que, de modo evidente, transmiten impresiones muy personales, superficiales, anecdóticas.

Sería absurdo que, siempre tan cautelosos en calificar de “presuntos” incluso a los que de manera fehaciente han transgredido o se hallan inculpados, nos apresurásemos a sacar conclusiones de estos documentos, sin verificarlos rigurosamente.

En la medida en que se comprueben, no cabe duda de que deberán tomarse medidas, en ocasiones muy severas, por parte de las autoridades competentes, vigiladas desde ahora más directamente por el “pueblo consciente”.
Lo realmente importante es fomentar el buen periodismo, el que describe fidedignamente lo que acontece y lo que sabe, con total independencia de criterio. Y el que escribe y defiende libremente su opinión.

Por otra parte, tenemos que tener en cuenta que la “noticia” trata siempre de algo insólito, extraordinario. Debemos procurar ver los grandes espacios de la realidad que no contienen las informaciones… porque son “normales”, son “lo ordinario”, lo habitual. Ver los invisibles y no sólo lo que “iluminan” los focos de los medios de comunicación es muy importante porque, no me canso de repetirlo, sólo si conocemos la realidad profundamente podremos transformarla profundamente.

En resumen: muy bien difundir las informaciones de Wikileaks. Muy mal creer a pies puntillas lo que dicen, sin comprobarlo, especialmente por quienes en los medios “adictos” emiten sólo lo que les conviene, de forma, con frecuencia, totalmente, descaradamente, deformada según la ideología de las empresas propietarias; por los que con tantos aspavientos van en contra de la transparencia periodística, con “pecados” de omisión y tergiversación…

Necesitamos con urgencia más medios fiables. Hay progresivamente menos, por concentración en unas cuantas “manos”.
¡Viva Wikileaks!

Abajo los que se apresuran, desde la óptica de un partidismo “inquebrantable”, a extraer las conclusiones que mejor se adaptan a sus fines, con la misma ligereza con que se alejan de la objetividad.

Conocer. Confirmar. Poner en su contexto. Saberes y buen criterio. Ya lo escribió T. S. Elliot hace más de un siglo: “¿Dónde está la sabiduría / que hemos perdido en el conocimiento? / ¿Dónde está el conocimiento / que hemos perdido en la información?”.
Pues eso.

Leído en el blog de Federico Mayor Zaragoza

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Nacha Guevara: Construcción



Amó aquella vez como si fuera la última, besó a su mujer como si fuera la última, y a cada hijo suyo cual si fuera el único, y atravesó la calle con su paso tímido. Subió a la construcción como si fuera máquina, alzó en algún lugar cuatro paredes sólidas, ladrillo con ladrillo en un diseño mágico, sus ojos empapados en cemento y lágrimas. Se puso a descansar como si fuera sábado, comió frijol y arroz como si fuera un príncipe, bebió y sollozó como si fuera un náufrago, bailó y se rió como si oyera música y tropezó en el sol como si fuera un cómico. Se bamboleó y tembló como si fuera un pájaro, y terminó en el suelo hecho un paquete alcohólico, y agonizó en el medio del paseo público. Murió a contramano interrumpiendo el tráfico.

Amó aquella vez como si fuera el único, besó a su mujer como si fuera la última, y a cada hijo suyo cual si fuera el pródigo, y atravesó la calle con su paso cómico. Subió a la construcción como si fuera sólida, alzó en algún lugar cuatro paredes mágicas, ladrillo con ladrillo en un diseño lógico,
sus ojos empapados en cemento y tráfico. Se puso a descansar como si fuera un príncipe, comió frijol y arroz como si fuera tóxico, bebió y sollozó como si fuera máquina, bailó y se rió como si fuera el prójimo y tropezó en el sol como si oyera música. Se bamboleó y tembló como si fuera sábado, y terminó en el suelo como un bulto tímido, agonizó en el medio del paseo náufrago. Murió a contramano interrumpiendo el público.

Amó aquella vez como si fuera mágico, besó a su mujer como si fuera tóxico, y a cada hijo suyo cual si fuera un príncipe, y atravesó la calle con su paso lógico. Subió a la construcción como si fuera alcohólico, alzó en algún lugar cuatro paredes tímidas, ladrillo con ladrillo en un diseño lúcido, sus ojos empapados en cemento y vértigo. Se puso a descansar como si fuera un naúfrago, comió frijol y arroz como si fueran lágrimas, bebió y sollozó como si fuera sábado, bailó y se rió como si fuera un cómico y tropezó en el sol como si fuera un pájaro. Se bamboleó y tembló como si oyera música, y terminó en el suelo como un bulto tímido, agonizó en el medio del paseo incrédulo. Murió a contramano interrumpiendo al prójimo.

Amó aquella vez como si fuera máquina, besó a su mujer como si fuera lógico, alzó en algún lugar cuatro paredes flácidas, se puso a descansar como si fuera un pájaro, y tropezó en el sol como si fuera un príncipe y terminó en el suelo hecho un paquete alcohólico. Murió a contramano interrumpiendo el sábado.

Chico Buarque: "Construção"



Amó aquella vez como si fuera la última, besó a su mujer como si fuera la última, y a cada hijo suyo cual si fuera el único, y atravesó la calle con su paso tímido. Subió a la construcción como si fuera máquina, alzó en algún lugar cuatro paredes sólidas, ladrillo con ladrillo en un diseño mágico, sus ojos empapados en cemento y lágrimas. Se puso a descansar como si fuera sábado, comió frijol y arroz como si fuera un príncipe, bebió y sollozó como si fuera un náufrago, bailó y se rió como si oyera música y tropezó en el sol como si fuera un cómico. Se bamboleó y tembló como si fuera un pájaro, y terminó en el suelo hecho un paquete alcohólico, y agonizó en el medio del paseo público. Murió a contramano interrumpiendo el tráfico.

Amó aquella vez como si fuera el único, besó a su mujer como si fuera la última, y a cada hijo suyo cual si fuera el pródigo, y atravesó la calle con su paso cómico. Subió a la construcción como si fuera sólida, alzó en algún lugar cuatro paredes mágicas, ladrillo con ladrillo en un diseño lógico,
sus ojos empapados en cemento y tráfico. Se puso a descansar como si fuera un príncipe, comió frijol y arroz como si fuera tóxico, bebió y sollozó como si fuera máquina, bailó y se rió como si fuera el prójimo y tropezó en el sol como si oyera música. Se bamboleó y tembló como si fuera sábado, y terminó en el suelo como un bulto tímido, agonizó en el medio del paseo náufrago. Murió a contramano interrumpiendo el público.

Amó aquella vez como si fuera mágico, besó a su mujer como si fuera tóxico, y a cada hijo suyo cual si fuera un príncipe, y atravesó la calle con su paso lógico. Subió a la construcción como si fuera alcohólico, alzó en algún lugar cuatro paredes tímidas, ladrillo con ladrillo en un diseño lúcido, sus ojos empapados en cemento y vértigo. Se puso a descansar como si fuera un naúfrago, comió frijol y arroz como si fueran lágrimas, bebió y sollozó como si fuera sábado, bailó y se rió como si fuera un cómico y tropezó en el sol como si fuera un pájaro. Se bamboleó y tembló como si oyera música, y terminó en el suelo como un bulto tímido, agonizó en el medio del paseo incrédulo. Murió a contramano interrumpiendo al prójimo.

Amó aquella vez como si fuera máquina, besó a su mujer como si fuera lógico, alzó en algún lugar cuatro paredes flácidas, se puso a descansar como si fuera un pájaro, y tropezó en el sol como si fuera un príncipe y terminó en el suelo hecho un paquete alcohólico. Murió a contramano interrumpiendo el sábado.

jueves, 2 de diciembre de 2010

La burbuja alimentaria


Gustavo Duch (Consejo Científico de ATTAC España)

Los precios de muchas materias agrícolas -todas aquellas que entran en el mercado global- se determinan, y perdonen el lenguaje, «por las interacciones entre la oferta y la demanda en las Bolsas más importantes del mundo».

Ya saben ustedes que en el mercado del parqué no se intercambian sacos de trigo o patatas, sino que se negocian contratos de compraventa en los que se especifican cantidades y plazos de entrega. Un mercado invisible de futuros impredecibles.

Hasta hace varias décadas este modelo se encontraba, al menos, compensado por una serie de políticas regulatorias que buscaban estabilidad en los precios de los alimentos. En el comercio internacional los aranceles protegían las economías nacionales. En el comercio interno se contaba con servicios de almacenamiento público de grano, precios de referencia y cuotas de producción, como mecanismos para hacer más equilibrados los mercados. Pero, a partir de los años 90, las políticas neoliberales se diseñan para eliminar cualquier medida regulatoria. Se entablan las primeras negociaciones que llevarán a la formación de la Organización Mundial del Comercio, las primeras reformas de la Política Agraria Común, los primeros Tratados de Libre Comercio, etcétera. En su ecuación, el precio de los alimentos lo marcará desde entonces, indiscriminadamente, el mercado de futuros.

Estos mercados llevan asociada una figura, los especuladores, porque de eso se trata, de regatear con el porvenir. De comprar y esperar el mejor momento para vender; y está claro que no aguardan frente a la ventana esperando ver si llueve mucho o poco, si hiela o no. ¿Podemos generar dudas sobre las próximas cosechas, se preguntan, rascándose la barbilla? Si las noticias dicen, por ejemplo, que en Rusia hay mucha sequía, que corra la pólvora mediática, que el incendio nos favorecerá.

Sobre esto nos habla Kaufman en el reportaje "La burbuja alimentaria", y explica un elemento clave en la evolución de los mercados de futuro, y consecuentemente en los precios finales de los alimentos: la llegada de los fondos de inversión a estos territorios. «La historia de la alimentación tomó un giro siniestro en 1991. Ese año Goldman Sachs decidió que el pan nuestro de cada día podría suponer una excelente inversión. Con su acostumbrado cuidado y precisión, los analistas de Goldman se dedicaron a transformar los alimentos en concepto. Seleccionaron ocho productos primarios mercantilizables y elaboraron un elixir financiero que incluía ganado, café, cacao, maíz, porcino y una o dos variedades de trigo, que a partir de entonces se conoció como Índice de Materias Primas de Goldman Sachs. Desde la innovación de Goldman, miles de millones de nuevos dólares han aplastado el suministro y la demanda reales de trigo.

Un banco de inversiones (rescatado con fondos públicos), al que luego se sumaron otros (Citigroup, Bank of America, Deutsche Bank) maneja los hilos de un derecho humano. Provocaron la crisis alimentaria de 2007 y 2008, con la terrible consecuencia de aumentar en 250 millones el número de personas que pasan hambre. Y ahora, de nuevo, están agazapados inflando la burbuja. Si se hacen realidad las promesas de reformas en los mercados financieros, una de ellas es clara y urgente.