La que dicen sufrir los mismos que la han provocado con sus malversaciones, estafas, fraudes y desfalcos y consideran pérdidas a una mera reducción de sus dividendos.
La que dicen sufrir: Los banqueros, empresarios, consejeros, accionistas, políticos, millonarios y altos ejecutivos, al ver mermadas sus exorbitantes remuneraciones.
La que ni siquiera mencionan, porque no les preocupa, los profesionales como: artistas famosos, deportistas, religiosos y toreros de élite, familias reales, condes y marqueses y otros títulos honoríficos llegados hasta hoy desde la edad media que protegen sus grandes fortunas en consentidos países fiscales.
La que siempre han sufrido los trabajadores con míseros salarios dejando hasta su propia vida en el empeño y que se sienten privilegiados por prolongar, quien sabe hasta cuándo, su esclavitud laboral.
La que sufren los cada vez más numerosos parados sin subsidio y sin esperanzas de conseguir un nuevo empleo.
La que sufren los pensionistas, jubilados o viudas por la amenaza de un posible mayor desamparo en el futuro.
La que siempre han conocido ingentes masas de jóvenes que no han conseguido ni un primer empleo y otros tantos que solo han trabajado a ratos y en precariedad o con contratos basura.
La de tantos inmigrantes que a pesar de las ínfimas condiciones de vida en que viven con nosotros, es para ellos un paraíso, comparándolo con sus países de origen.
La que han sufrido desde siempre, pero cada vez en mayor número los hombres y mujeres del tercero y cuarto mundo que sobreviven con tanta desnutrición que hasta mueren de hambre.
Estas verdaderas víctimas del capitalismo imperante solo dejarán de malvivir y morir de hambre cuando los epulones dejen de morir de indigestión.
Manu Goiri

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