Hoy se está imponiendo una manera de pensar, sentir y actuar: el tener más para consumir más de forma individualista, olvidándonos de los demás, de los pobres y de la naturaleza.
El valor más grande y apeticible es el dinero. Esta cultura nos está influyendo, aunque sea inconscientemente.
Se trata de un "modelo de deshumanización" contra el que ¿podemos luchar?

jueves 2 de julio de 2009

Hazañas bélicas


Hace unos días me encontré con un antiguo compañero del instituto y estuvimos recordando las “hazañas bélicas” de aquella época.

Recordamos cómo machacábamos al empollón de la clase en el instituto, o cómo bombardeábamos con tizas y borradores a los taxistas que tenían su parada bajo las ventanas de nuestra clase; cómo “Txino”, un compañero de clase y del barrio, tenía montado un negocio de reventa de las cosas que chorizaba en El Corte Inglés. También me vino a la memoria el día del intento de golpe de estado de Tejero. Ese 23 de febrero, yo salí de casa con una navaja en el bolsillo ¿pretendería enfrentarme con ella a los tanques?

Esos recuerdos del instituto propiciaron otros, de los fines de semana de discoteca por ejemplo, cuando eran frecuentes las peleas entre bandas. En una ocasión nos salvamos por los pelos, cuando a la salida de la discoteca nos esperaban los de Cruces con unos palos de dimensiones espectaculares. Salimos mezclados con un grupo de chavalas, en plan novios, que nos hicieron el favor de camuflarnos.

Los de Cruces eran los mayores enemigos de nuestro barrio (Zorrotza), aunque los de Santurce tampoco se quedaban atrás. En una ocasión secuestraron un autobús de línea para perseguir a unos colegas de nuestro barrio que huían en coche. Nosotros todavía no podíamos permitirnos ese lujo y volvíamos de la discoteca en el tren de cercanías, de coleo naturalmente.

Así que entenderéis que me hagan gracia ciertas críticas que se hacen a la juventud actual.

Naturalmente, todo esto que os cuento es confidencial, y exclusivo para los cuatro que leemos este blog. Si cualquier otra persona me pregunta por estos temas, incluída mi hija, lo negaré todo.


Montxo López (medianamente reformado)

lunes 29 de junio de 2009

Desprecio


Cuando el niño negrito de seis años
desnudo y descalzo,
con delgadez extrema, pero vientre voluminoso,
presenta al soldado su recipiente de plástico a modo de plato vacio,
con la esperanza de conseguir un bocado,
le dice voz azorada y mirada suplicante:
“Tengo hambre”

El soldado, con el uniforme cargado de armamento,
cantimplora y mochila a tope del rancho diario
le contesta con indiferencia burlona y ofensiva:
“Puedes estar contento,
porque hay otros muchos niños que no tienen ni eso”.

Después de muchos años de supervivencia
y peligrosas travesías en enclenques pateras
tantas veces devueltas a su origen miserable,
el negrito, ya adulto, en un país ajeno y lejano,
ofrecerá, sin saberlo, al mismo soldado, otro plato rayado,
ésta vez negro, dentro de una caja cuadrada,
también de plástico el continente y el contenido:
“Vendo barato”

El soldado, ya paisano, después de incontables disparos,
quizás muchos mortales,
le contestará con el mismo desprecio que antaño:
“yo no necesito miserias”

Manu Goiri

sábado 27 de junio de 2009

Sociedad anónima

jueves 25 de junio de 2009

Sindicalistas asesinados


Colombia continuó siendo en 2008 el país más peligroso para desarrollar una actividad sindical, ya que de los 76 sindicalistas asesinados en todo el mundo durante ese año 49 eran colombianos.

De esta forma, en Colombia murieron diez sindicalistas más que en el año anterior, pese a que en todo el mundo el número total de muertes disminuyó respecto a 2007, cuando se registraron 91 asesinatos, según el informe anual de la Confederación Sindical Internacional (CSI).

Pese al alto número de muertes de sindicalistas colombianos, el texto señala que la violencia contra las organizaciones de trabajadores y sus miembros queda "impune", como consecuencia de unas "sentencias condenatorias ínfimas".

Tras Colombia, Guatemala se sitúa como el segundo país con más sindicalistas asesinados, con un total de 9 víctimas mortales, lo que convierte a Latinoamérica en la región del mundo donde es más peligroso ejercer los derechos sindicales.

El informe alerta especialmente sobre la situación que atraviesa Guatemala, pues los actos de violencia contra los sindicalistas en su territorio son "permanentes" y, además, quedan "impunes"…

Respecto a la actual crisis económica y financiera, lamenta la repercusión que ha tenido sobre los derechos laborales y sindicales de los trabajadores, ya que han visto empeorar sus condiciones.

Un total de 7.500 personas vinculadas a actividades sindicales fueron despedidas en 68 países diferentes, de los cuales más de 2.000 se registraron en Turquía, seguido por Indonesia, con 600 despidos.

Unas cifras que califica como "la punta del iceberg", puesto que una mayoría de los despidos no se registran, explica.

La CSI agrupa a 311 centrales sindicales nacionales de 155 países que representan a 168 millones de miembros.

lunes 22 de junio de 2009

Neoliberalismo y crisis


Según Noam Chomsky el neoliberalismo es la raíz común de las crisis actuales.

Cuando se habla de la crisis, casi todos se refieren a la financiera, ya que afecta directamente a los ricos, pero la crisis de los mil millones de seres humanos que enfrentan hambruna –entre ellos unos 40 millones en Estados Unidos– no es la de mayor prioridad, porque todos los aquejados son pobres, afirmó Noam Chomsky.

Con voz tranquila, Chomsky cuidadosamente devastó los mitos del llamado libre mercado, y documentó de manera sintética las múltiples crisis –la financiera y económica, la del militarismo, la del medio ambiente y la alimentaria, entre otras– y sus hilos en común, construyendo una radiografía de un sistema que se enmascara como democracia, pero que al fin tiene el objetivo de socializar costos y privatizar ganancias y defender el privilegio de la cada vez más reducida minoría rica, con consecuencias cada vez más siniestras para las mayorías y el propio planeta.

Es necesario desmantelar el edificio de ilusiones que se vende como democracia de libre mercado para que el ser humano sobreviva, y para hacerlo se requiere un enfrentamiento con el modelo que busca proteger los intereses de la minoría de la opulencia contra las mayorías, aseveró. El pueblo paga los costos.

Y Chomsky, como siempre, ofreció ejemplo tras ejemplo, documentando la historia. Habló de la historia de Haití, desde los franceses y la invasión estadunidense de Woodrow Wilson, hasta el manejo que hizo Washimgton del desafío de Jean Bertrand Aristide, tanto por el republicano George Bush (padre) como por el demócrata Bill Clinton, imponiendo el modelo neoliberal, con el resultado inevitable de destruir la soberanía económica de ese país, el cual ahora está en las primeras filas de la crisis alimentaria.
Esa historia es muy parecida por todo el mundo, agregó, señalando a Bangladesh y decenas de ejemplos más.

La raíz común de las crisis de hoy en el Sur y el Norte es el giro hacia el neoliberalismo que se da en los años setenta, declaró. Eso marcó el fin del crecimiento sostenido de la era de posguerra, conocido como la edad de oro del capitalismo, con su estado de bienestar y sus incrementos en niveles de ingreso y derechos, lo que fue un capitalismo de Estado.

Hoy día, el libre flujo del capital crea un Senado virtual que realiza un referendo instantáneo que vota en contra de intentos de beneficiar a las mayorías a costa de sus intereses.

Ahora, con la crisis actual que afecta a los ricos, se adopta la misma estrategia de siempre: la población paga los costos y asume el riesgo, mientras las ganancias son privatizadas…

David Brooks

Leer el artículo completo en:
Rebelión

jueves 18 de junio de 2009

Desencanto



Todos los días desaparecen especies animales y vegetales, idiomas, oficios. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Cada día hay una minoría que sabe más y una minoría que sabe menos. La ignorancia se expande de forma aterradora. Tenemos un gravísimo problema en la redistribución de la riqueza. La explotación ha llegado a extremos diabólicos. Las multinacionales dominan el mundo.

No sé si son las sombras o las imágenes las que nos ocultan la realidad. Podemos discutir sobre el tema infinitamente, lo cierto es que hemos perdido capacidad crítica para analizar lo que pasa en el mundo. De ahí que parezca que estamos encerrados en la caverna de Platón. Abandonamos nuestra responsabilidad de pensar, de actuar. Nos convertimos en seres inertes sin la capacidad de indignación, de inconformismo y de protesta que nos caracterizó durante muchos años. Estamos llegando al fin de una civilización y no me gusta la que se anuncia.

El neoliberalismo, en mi opinión, es un nuevo totalitarismo disfrazado de democracia, de la que no se mantienen nada más que las apariencias. El centro comercial es el símbolo de ese nuevo mundo. Pero hay otro pequeño mundo que desaparece, el de las pequeñas industrias y de la artesanía. Está claro que todo tiene que morir, pero hay gente que, mientras vive, tiende a construir su propia felicidad, y esos son eliminados. Pierden la batalla por la supervivencia, no soportan vivir según las reglas del sistema. Se van como vencidos, pero con la dignidad intacta, simplemente diciendo que se retiran porque no quieren este mundo.

José Saramago

Leído en: El Cuaderno de Saramago

lunes 15 de junio de 2009

Exige dignidad

sábado 13 de junio de 2009

Decrecer para vivir mejor


Mientras el cambio climático avanza sin que las innumerables reuniones desemboquen en una reducción de las emisiones, la biodiversidad disminuye a un ritmo escalofriante, los recursos se agotan y el acceso al agua cada vez se complica más. Pero además, esta crisis ambiental se da en unas circunstancias de desigualdad social cada más polarizada. La crisis es, por tanto, ecológica, pero también política, económica, cultural y social.
Y sin embargo, seguimos sin afrontar el elemento central de la crítica ecologista: el conflicto básico entre un planeta Tierra, con recursos limitados y finitos, y un sistema socioeconómico en expansión continua, impulsado por la dinámica de la acumulación del capital.

Hemos rebasado los límites que el planeta impone. Se calcula que “nos corresponden” alrededor 1,8 hectáreas de terrenos productivos por persona. Pues bien, la media de consumo mundial supera las 2,2 hectáreas y este consumo no es homogéneo. Mientras que en muchos países del Sur no se llega a las 0,9, un ciudadano de Estados Unidos consume en promedio 8,6 y un europeo medio unas 5 hectáreas.

El crecimiento económico, basado en un uso creciente de recursos y en una ingente generación de residuos, no es entonces algo que se deba celebrar. Además, este crecimiento no se relaciona necesariamente con el bienestar. La guerra o la enfermedad, por ejemplo, son importantes negocios que crean crecimiento monetario.
El decrecimiento plantea una disminución del gasto global de energía y materiales. Para Ecologistas en Acción, el decrecimiento no es una opción, es una necesidad que impone un planeta con recursos limitados, en el que ya se evidencian los efectos de la superación de esos límites. Obviamente, quien puede decrecer es quien gasta de forma mayoritaria los recursos y genera los residuos, es decir, los países más enriquecidos.

Hasta ahora, la mayor parte de las soluciones puestas en marcha para evitar los límites físicos que existen para continuar la espiral del crecimiento se han basado fundamentalmente en la tecnología y la ecoeficiencia. Sin embargo, para la organización ecologista, siendo ambas necesarias, no son suficientes. Los ejemplos de aumentos de gasto de materia y energía asociados a la mejora de la eficiencia y al progreso tecnológico son numerosos: medios de transporte más modernos y eficientes permiten el incremento de las distancias que se recorren; el desarrollo de la electrónica crea un miles de nuevos productos que se consumen en masa; el ahorro en combustible de coches que consumen menos queda anulado ante el aumento de la cantidad de coches...

Por tanto, a la ecoeficiencia le tenemos que añadir la reducción. A esta necesidad intenta buscar respuestas el decrecimiento. Su metas son: la sostenibilidad ambiental y la justicia social y requiere respuestas, no sólo técnicas, sino fundamentalmente políticas.

Así, el reto del decrecimiento en los países enriquecidos es aprender a producir valor y felicidad, reduciendo progresivamente la utilización de materia y energía. Se trata de aprender a vivir mejor con menos.

Ecologistas en Acción