Recordamos cómo machacábamos al empollón de la clase en el instituto, o cómo bombardeábamos con tizas y borradores a los taxistas que tenían su parada bajo las ventanas de nuestra clase; cómo “Txino”, un compañero de clase y del barrio, tenía montado un negocio de reventa de las cosas que chorizaba en El Corte Inglés. También me vino a la memoria el día del intento de golpe de estado de Tejero. Ese 23 de febrero, yo salí de casa con una navaja en el bolsillo ¿pretendería enfrentarme con ella a los tanques?
Esos recuerdos del instituto propiciaron otros, de los fines de semana de discoteca por ejemplo, cuando eran frecuentes las peleas entre bandas. En una ocasión nos salvamos por los pelos, cuando a la salida de la discoteca nos esperaban los de Cruces con unos palos de dimensiones espectaculares. Salimos mezclados con un grupo de chavalas, en plan novios, que nos hicieron el favor de camuflarnos.
Los de Cruces eran los mayores enemigos de nuestro barrio (Zorrotza), aunque los de Santurce tampoco se quedaban atrás. En una ocasión secuestraron un autobús de línea para perseguir a unos colegas de nuestro barrio que huían en coche. Nosotros todavía no podíamos permitirnos ese lujo y volvíamos de la discoteca en el tren de cercanías, de coleo naturalmente.
Así que entenderéis que me hagan gracia ciertas críticas que se hacen a la juventud actual.
Naturalmente, todo esto que os cuento es confidencial, y exclusivo para los cuatro que leemos este blog. Si cualquier otra persona me pregunta por estos temas, incluída mi hija, lo negaré todo.





